“Sé que es absurdo…
pero no puedo evitar sentir miedo.”
Es una frase que escucho con mucha frecuencia en consulta y que refleja muy bien lo que ocurre en una fobia. La persona sabe, racionalmente, que no hay un peligro real. Sin embargo, su cuerpo reacciona como si lo hubiera: el corazón se acelera, la respiración cambia y aparece una necesidad urgente de escapar. Después llega la frustración, porque si sabes que no pasa nada, ¿por qué no puedes gestionarlo?
Cuando esto ocurre no estamos hablando de debilidad ni de falta de fuerza de voluntad. Estamos hablando de cómo funciona el sistema de miedo.
Qué ocurre realmente en una fobia
En una fobia, la reacción no empieza en la parte lógica del cerebro, sino en el sistema de alarma (sistema límbico). En algún momento, tu mente asoció un estímulo concreto1 con peligro —un avión, un perro, un ascensor, las alturas o un espacio cerrado— y desde entonces, cada vez que aparece, se activa automáticamente una respuesta de amenaza2.
Lo desconcertante es que puedes saber que no hay peligro y aun así sentirlo. Esto sucede porque el cuerpo reacciona antes de que la parte racional tenga tiempo de intervenir. Tu mente puede decir “no pasa nada”, pero el organismo ya está preparado para huir.
Por eso muchas personas se sienten confundidas. Entienden la situación, pero no consiguen modificar la reacción.
Por qué evitarlo no soluciona el problema
Cuando algo genera miedo, lo más natural es evitarlo. Y cuando lo evitas, sientes alivio. Ese alivio es inmediato y muy potente, porque reduce la ansiedad en el momento.
El problema es que ese alivio refuerza el miedo. Sin darte cuenta, el cerebro aprende que evitar funciona, y la próxima vez activará la alarma con más intensidad.3
Así se crea un círculo que se mantiene en el tiempo: aparece el miedo, se evita la situación, llega el alivio y el miedo se consolida. A corto plazo parece que te protege; a largo plazo limita tu vida.
Poco a poco empiezas a tomar decisiones en función de lo que temes. Cambias planes, descartas viajes, eliges rutas diferentes o renuncias a experiencias que antes no suponían un problema. Y casi sin notarlo, tu mundo se va reduciendo.
Si sabes que no tiene sentido, ¿por qué no desaparece?
Porque el miedo no se desactiva con argumentos.
Puedes repetirte que el avión es seguro o que el ascensor no representa una amenaza, pero el sistema emocional no funciona con lógica. Funciona con aprendizaje. Y lo que se aprendió emocionalmente necesita experiencias nuevas para modificarse.4
No es exageración ni dramatización. Es un mecanismo de protección que se activó de forma desproporcionada y que ahora se mantiene por repetición.
Entender esto suele aliviar mucho. Cambia la narrativa interna. Deja de ser “no puedo controlarme” para convertirse en “mi sistema de alarma está hiperactivado”.
Qué cambia cuando decides trabajarlo
En consulta, uno de los momentos más importantes no es cuando el miedo desaparece, sino cuando la persona entiende que puede cambiar la situación. Su cerebro aprendió algo en algún momento, y ahora necesita aprender algo distinto.5
El cambio no ocurre de golpe ni obligándote a enfrentarte a todo de manera forzada; sucede poco a poco, cuando empiezas a acercarte a lo que te paraliza mientras aprendes a escuchar tu reacción, a sentir la emoción sin juzgarla y a entender de dónde viene, por qué se activó y qué papel tuvo en tu historia.
Mientras avanzas, tu cerebro empieza a comprobar que puede estar seguro y la intensidad del miedo empieza a transformarse. Lo que antes te hacía huir deja de tener el mismo poder sobre ti. Ya no es un enemigo, sino una señal que puedes escuchar y gestionar de otra manera.
No se trata de ser más fuerte; se trata de vivir sin que el miedo decida por ti y recuperar tu libertad. Y eso solo se consigue con tiempo, acompañamiento y un entorno seguro donde cada paso, aunque pequeño, se convierta en un avance real.
Conclusión
Saber que no tiene sentido es un primer paso, pero no basta para que desaparezca. El sistema emocional necesita experiencias nuevas.
No es el miedo lo que limita. Es vivir intentando que no aparezca.
El miedo no responde a la exigencia; solo cambia cuando lo vivimos de otra manera, cuando le damos espacio, lo escuchamos y lo acompañamos sin huir.
Porque el problema nunca fue sentir miedo.
El problema es dejar que decida por ti.
Referencias
¹ Mayo Clinic. https://www.
² ContigoPsi. https://
³ Quirón Salud. https://www.
⁴ Avance Psicólogos. https://www.
⁵ El País (Realidad Virtual en terapia). https://elpais.com/
¿Qué miedos están guiando tus decisiones sin que lo notes?
Reconocerlos es el primer paso para dejar de reaccionar y empezar a elegir desde tu seguridad interior.

